
Los permisos iguales, intransferibles y bien remunerados permiten que madres y padres se turnen para cuidar, sin que las mujeres tengan que renunciar al empleo ni a su autonomía económica.
¿Proteger la crianza significa que las madres deban quedarse más tiempo fuera del mercado laboral? ¿Los permisos por nacimiento priorizan la vuelta al trabajo frente a las necesidades de las criaturas? Este planteamiento parte de una falsa disyuntiva: tener que elegir entre empleo y cuidados.
La Plataforma por Permisos Iguales e Intransferibles de Nacimiento y Adopción (PPiiNA) defiende que la clave está en garantizar que tanto las madres como los padres puedan cuidar en igualdad, sin que esa responsabilidad recaiga de forma desproporcionada sobre las mujeres.
Cuidar en igualdad, sin renunciar al empleo
Los permisos por nacimiento iguales, intransferibles y bien remunerados permiten que cada progenitor disponga de su propio tiempo para cuidar. Al poder organizar sus permisos de forma que se turnen, cuando una persona se reincorpora al trabajo, la otra puede continuar al cuidado de la criatura.
Este modelo contribuye a que el cuidado no se asocie exclusivamente a las madres y a que los padres asuman su responsabilidad desde el nacimiento. También favorece que las mujeres puedan mantener su trayectoria profesional y su autonomía económica, sin verse obligadas a elegir entre su empleo y la crianza.
El tiempo para cuidar debe ser un derecho de ambos progenitores
La protección de la infancia y el derecho a cuidar no deberían entrar en conflicto con el derecho al empleo. El problema no es que las madres vuelvan a trabajar, sino que las mujeres sigan asumiendo una parte desproporcionada de los cuidados, con las consecuencias que esto puede tener para sus oportunidades laborales y económicas.
Por eso, garantizar tiempo para cuidar también implica garantizar que los hombres puedan y deban asumir esa responsabilidad en igualdad de condiciones. No basta con reconocer el derecho a cuidar: es necesario que ambos progenitores dispongan de permisos propios, suficientemente remunerados y que no puedan transferirse al otro.
La igualdad en los permisos contribuye así a repartir los cuidados y a evitar que sean las mujeres quienes tengan que sacrificar su empleo o sus ingresos para atender las necesidades familiares.
Empleo y cuidados no son incompatibles
Desmontar el mito del enfoque mercantilista significa superar la idea de que proteger la crianza exige apartar a las mujeres del empleo. La alternativa pasa por garantizar simultáneamente el derecho a cuidar, la autonomía económica y la igualdad entre mujeres y hombres.
Cuidar no puede penalizar a las mujeres. Y cuidar también es responsabilidad de los hombres.