
La capacidad de cuidar no es exclusiva de las madres ni viene determinada por el sexo. Los estudios científicos apuntan a que el vínculo con las criaturas se construye a través del tiempo dedicado a la crianza, el aprendizaje y el compromiso.
La antropóloga Sarah Blaffer Hrdy ha investigado cómo la implicación de los padres en la crianza varía según el contexto social y cultural. En culturas que favorecen y promueven la paternidad activa, los padres desarrollan una mayor implicación en los cuidados.
Cuidar es una capacidad que se aprende y se desarrolla con la práctica. Forjar vínculos requiere tiempo, voluntad y esfuerzo. Por eso, cuando los padres disponen de tiempo para asumir los cuidados desde el principio, también pueden desarrollar relaciones estrechas y comprometidas con sus criaturas.
Afirmar que las madres cuidan mejor perpetúa estereotipos perjudiciales para ambos progenitores. A ellas les atribuye una responsabilidad casi exclusiva sobre la crianza y a ellos los relega a un papel secundario.
Las criaturas necesitan vínculos seguros y cuidados comprometidos. Para avanzar hacia una crianza corresponsable, es necesario que ambos progenitores puedan implicarse en ella en condiciones de igualdad.